Monthly Archives: February 2009

hasta luego, querido Tito…

Tal día como hoy, 19 de Febrero se nos fue nuestro abuelo, Vinicio Casas Rincón. Hay tanto que  escribir para intentar describir todas y cada una de las virtudes y cualidades positivas de mi abuelo que me tomarían semanas y tan solo quiero expresar mediante este post, un desahogo emocional para poder enfrentar el hecho de que ya se ha ido, pero a la vez también tengo plena seguridad que Tito como cariñosamente le decíamos, tiene las puertas del cielo mas que ganadas. Su gran calidad humana, su entereza y ética como profesional de la medicina y como científico, su sentido de atención hacia nosotros siempre fue intachable. Fue uno de esos personajes que se forjaron en base a dedicación total, a la disciplina plena, al amor por lo que hacia, al amor de su vida –mi abuela Ofelia- y a los frutos de su vida –sus hijos y nietos- del cual me enorgullece afirmar sin lugar a dudas que será muy recordado por sus colegas, alumnos, pacientes y por todos nosotros por muchas generaciones, gracias a todas sus cualidades.

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Que Dios te reciba con los brazos abiertos, Tito. No me cabe la menor duda.


el sueño eterno…

Si, el sueño de poder ver a Venezuela como lo fue hace algunos años atrás es algo que me gustaría poder controlar…

Estamos de vacaciones los 3 (incluyo a Miguel Angel porque tampoco está yendo a su guardería, jeje). Hemos descansado y viajado suficiente y el común denominador de las rutas de vacaciones que han sido dentro del país ha sido la soledad. Primero, estoy realmente asombrado de la ausencia de gente que sirve al turista en toda la ruta andina (Valera, La Puerta, Timotes, el Pico del Águila, Mucuchies, Mérida) así como también de temporadistas. Ya sé que no es una temporada habitual salir de vacaciones terminando un mes como enero, pero me llamo la atención porque la principal fuente de ingresos, al menos de la ruta del paramo es el turismo. No encontrar una sola posada donde comer algo en pleno día, negocios artesanales cerrados, poca gente en la calle son factores que hacen pensar muchas cosas. O la situación está tan mala que es preferible no perder dinero en empleados cuando no es temporada -cosa rara puesto que la gran mayoría de negocios, posadas y lugares donde comer son atendidos por sus propios dueños-, o hay una gran incertidumbre producto del proceso electoral de temporada. Aunque todo esto sucedió durante nuestro recorrido, pudimos disfrutarlo a plenitud puesto que nos “matamos unos piojitos” que teníamos desde hace tiempo. Por ejemplo, nos quedamos finalmente en un hotelito en Mucuchies donde iba a ser el almuerzo de nuestro primer plan para el matrimonio, que no pudo darse ya que para las fechas en que lo planteamos ya se asomaba el paro del 2002. El hotel es el Carrillon y es más atractivo de lo que lo recordaba. Con una tarifa normal –salvo la comida que estaba un poco cara, pero muy bien hecha- pues el lugar se las trae. Ideal para desintoxicarse del ruido, es muy tranquilo y de noche hace muchísimo frio (7 grados marcaba un termómetro digital que tengo, no muy bueno, así que no se con exactitud). Solo habrían dos habitaciones ocupadas además de la nuestra lo cual aseguro una noche muy relajadora. Así que degustamos un poco lo que pudo haber sido nuestra ilusa boda en San Rafael para darle paso a unos días en Mérida, visitando la familia de Dania.

Allí nos quedamos en el Belenzate, un hotel que escuchábamos mencionar a cada rato y nos intrigaba que tal seria. Pues también nos pareció de lo mejor. El hotel fue una hacienda en algún momento pasado, la casa principal y el estilo colonial así lo reseña.

No pudimos perdonar los pastelitos de queso con champiñones y tomillo que venden cerca del Hotel Prado del Rio. La muchacha que atiende el negocio veía con asombro la cantidad de pasteles que ordene tan solo para 3 personas y un bebe (ya que viajo con nosotros la Sra. Marina, mi adorada suegra).
Durante todo el recorrido y volviendo al tema, era asombroso ver como se ha desmoronado la actividad cultural, artesanal y comercial de Mérida. Antes llegábamos a la plaza Bolívar con la esperanza de ver las ferias de artesanía, libros, pinturas y cuanta otra actividad abundaba. Luego de ir varios días seguidos y en fin de semana, pues nada. En el parque de las Heroinas donde habían unas fuentes espectaculares, no había tampoco nada abierto (ni las fuentes ni el teleférico están funcionando). Solo se podían ver unos toldos rojos con 5 personas o menos, haciendo propaganda política a favor de la opción del gobierno. Igual en la vía al paramo La Culata o al Valle. Cuando se podía ver algo de gente en la calle era para marcar el carro con tinta blanca a favor del SI o el NO. En la vía que lleva a la plaza donde está el “Reloj de Beethoven” (que no funciona desde hace algún tiempo), también se podía ver gran cantidad de artistas y afines quienes colocaban sus cuadros y artesanías a lo largo de las paredes de la avenida. Cuadras y cuadras habían llenas de opciones para todos los gustos. Hoy menos de la cuarta parte de esa gente aún permanece allí ya que en su mayoría, prefieren exponer sus cuadros en alguna sala de arte para poder valorar más su trabajo y obtener mayor beneficio.
De cualquier forma compramos dos pinturas espectaculares que ya decoran la sala de la casa a precios bastante solidarios.
Muchas contradicciones existen además, con las tendencias de vida del Merideño y la situación que pude percibir. En medio de tanta crisis se pueden ver nuevos centros comerciales de impecable diseño como el Plaza Mayor o el de los Chorros de Milla y otros tantos que aun se edifican. Casas majestuosas en arreglos de urbanizaciones privadas también me llamaron la atención. Pero a la hora de ver que tanta gente compra algo en esos lugares, es realmente triste observar como quienes atienden los negocios están casi dormidos esperando que algún cliente les compre cualquier cosa. Y todo carísimo. Este fenómeno no es exclusivo de Mérida.

Luego fuimos a Maracaibo y ahora de vuelta aquí en Punto Fijo nos damos cuenta que la economía está muy deprimida. La gente no tiene dinero o no quiere gastar por temor a que algo pase. En un supermercado de aquí, en Punto Fijo, donde normalmente hay unas 16 cajeras o mas solo habían 2 operando y sin cola, ahora que regresamos y fuimos a hacer unas compras. Casi todos los anaqueles tenían algún letrero restringiendo a las personas a no comprar más de x cantidad de productos por su escases. Estos letreros estaban encima del café, la harina PAN, la leche en polvo, el papel sanitario, el arroz y otros más que no recuerdo. Las neveras donde van las carnes llenas de cortes carne de cerdo, poca de vaca y nada de pollo o pescado.

Definitivamente, o la gente se volvió loca comprando cuanto pudo en diciembre y quedo “raspando la olla” o me acostumbre a ver todo abarrotado de gente cuando normalmente son vacaciones y uno trabaja. No lo sé, pero volvieron a mí las mismas inquietudes que me han dado que escribir en posts anteriores a este: para donde vamos? Volveremos los venezolanos a ser gente alegre y entusiasta? Realmente estamos mal? A juzgar por tanta construcción y tanta cola para comprar un celular de 4 millones, es confuso emitir una respuesta. Imagino que es preferible invertir en cuanto se pueda aunque por otro lado no hay muchas garantías jurídicas o seguridad ciudadana como para motivarse a seguir esta tendencia.

Yo sigo pensando que un galletero (gadget-ero, o adicto a los perolitos electrónicos caros y de moda) lo pensaran 2 veces antes de volver a salir a la calle con 8 millones encima con la seguridad como esta. Si sacamos la cuenta verán que no exagero: un blackberry, un ipod, un psp (play station portátil) o un nintendo DS y un buen reloj o una cámara pueden sumar fácil esa cantidad. Cositas que normalmente le vemos a cualquier carajito de hoy en día. Y aunque me considero galletero, el 95% de las cosas que compramos son para la casa y no para el carro o para cargarlo por allí por temor a que nos roben lo que con tanto esfuerzo nos ha costado ganar. Ya he donado unos 10 radio reproductores de cassette y CD a los malandros.

Espero que los que ven con apatía la política –yo soy uno de ellos- se animen para votar este domingo y Dios quiera que el resultado nos traiga paz de una buena vez y por todas.